Mons. Pesoa: Es una bendición de Dios encontrarnos en un ambiente de fraternidad y sinodalidad

“Es una bendición de Dios encontrarnos en un ambiente de fraternidad episcopal para vivir una experiencia de sinodalidad, reflexionando juntos sobre la actividad pastoral de la Iglesia en Bolivia y las dificultades que afectan a nuestro pueblo”, manifestó el presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana, monseñor Aurelio Pesoa Ribera, en la conferencia de prensa de inauguración de la CXI Asamblea de Obispos de Bolivia.

Sostuvo que esta versión de la Asamblea se celebra en un contexto de enorme creatividad pastoral y búsqueda de nuevos caminos para la evangelización de los pueblos de América Latina y el Caribe, y por supuesto de Bolivia.

También se refirió a la celebración de la Primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, que publicó sus conclusiones en el documento Hacia una Iglesia Sinodal en salida a las periferias, que vuelve a poner en primer lugar las prioridades de la Iglesia Latinoamericana, el caminar hacia una Iglesia más misionera.

“La Asamblea Eclesial partió de un amplio proceso de escucha a los diferentes sectores del pueblo de Dios y se propuso releer Aparecida y relanzar todo el desafío que supuso aquel acontecimiento del Espíritu Santo para que la riqueza de aquella V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe no quede en el olvido, sino que sea conocida, acogida y relanzada en nuestras iglesias locales”, argumentó.

Añadió que también se debe estar comprometido con todo el proceso de reflexión y renovación eclesial que supone el sínodo de la sinodalidad, ya que varias de las iglesias locales están celebrando procesos sinodales en espíritu muy participativo que sin duda ayudarán a la renovación de las estructuras eclesiales para que sean más misioneras, como aconsejan Aparecida y el Santo Padre Francisco. “Todo este movimiento pastoral es sin duda un signo de los tiempos que el Espíritu Santo está suscitando en medio de nosotros. Son tiempos extraordinariamente vivos para la actividad misionera de la Iglesia. Es un signo extraordinario el que pastores y fieles se sienten juntos, en espíritu de corresponsabilidad y sinodalidad a escucharse y dialogar movidos por la acción del mismo Espíritu, ya que todos tenemos “un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos” (Efesios 4,5-6), finalizó.

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