Carta del Superior General en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María

CON MARÍA, MISIONERAS PEREGRINAS DE LA ESPERANZA EN COMUNIÓN

Queridos hermanos oblatos y todos los hermanos y hermanas de nuestra familia carismática. Hoy saludamos a María, “bendita entre las mujeres”, mientras contemplamos el milagro de la misericordia de Dios en el misterio de su Inmaculada Concepción. Nos celebramos por tenerla como nuestra madre y patrona y le pedimos que interceda por nosotros como nuestra madre. En su discurso durante su audiencia a los capitulares del 37º Capítulo General [1] , el Papa Francisco nos invitó a “tomar a María como compañera de camino, para que os acompañe siempre en vuestra peregrinación”. Después de recordar el episodio de su “peregrinación” a la casa de Isabel, el Papa nos dijo: “Que María sea también para vosotros un ejemplo en esto, en vuestra vida y en vuestra misión”. En este día de fiesta quiero retomar el camino con María y con toda nuestra familia, para convertirnos poco a poco en peregrinos tan misioneros, sembradores de esperanza en la comunión, como fue el sueño de nuestro Capítulo General.

El texto evangélico propuesto por el Papa narra el encuentro de María con Isabel (Lc 1, 39-56). Para muchos, este pasaje evangélico es un paradigma inspirador de la acción misionera de la Iglesia. En cuanto a mí, participando en la vida de las Iglesias del norte de África, he podido testimoniar su fecundidad. Llamados a llevar, anunciar y compartir el misterio de salvación que habita en nosotros, salimos con prisa al encuentro del “otro”, poniéndonos a su servicio, como lo hizo María. Es un camino que nos revela la presencia de Jesús y nos invita a dejar a nuestro paso la huella de la esperanza y la comunión entre nosotros y con toda la creación. Caminando, saliendo al encuentro del otro y poniéndonos a su servicio, descubrimos nuestra propia identidad. Así también se nos revela esa porción de verdad que el Espíritu de Dios ha sembrado en el otro y que se nos ofrece como don. Caminando con Jesús y con los demás, viviendo siempre la comunión como don y tarea, nos convertimos en profetas peregrinos, cantando alabanzas al Señor y anunciando con nuestra vida el mundo nuevo y la nueva humanidad que ya ha nacido y que espera manifestarse en su plenitud.

Quisiera iniciar y continuar una conversación con todos los miembros de nuestra familia compartida sobre qué nos aporta la contemplación de este pasaje evangélico para nuestra vida y nuestra misión. En la Eucaristía de clausura del Capítulo General [2] pude iniciar este diálogo. Qué bonito sería que en nuestros encuentros de estas fiestas pudiéramos dedicar un tiempo a compartir los frutos de esta contemplación. Qué lindo si pudiéramos escuchar los ecos provenientes de todos los rincones de nuestra casa común, de todas nuestras comunidades e instituciones, de todas las expresiones de nuestra familia carismática. Seamos creativos en poner sobre la mesa común lo que cada uno va descubriendo.

En estos días tendremos en la mano las Actas del XXXVII Capítulo General . Sabemos que la aceptación de los documentos capitulares no sucede espontáneamente; es una gracia que tenemos que aprender a acoger. ¿Cómo lo hacemos? Los capitulares afirmaron enfáticamente que todos deberían ser los primeros animadores de esta fase. Es evidente que son los testigos privilegiados de todo lo sucedido. ¡No tengamos miedo de molestarlos pidiéndoles que compartan su experiencia! Escuchemos sus historias; intentemos caminar con ellos y pidamos la gracia de conectarnos con su experiencia.

Creo que una buena aceptación del documento capitular se producirá cuando todos y cada uno de los miembros de nuestra familia carismática se conviertan en animadores de la fase poscapitular: animadores porque se han dejado interpelar por el Espíritu; animadores porque buscan formas de poner en práctica creativamente las sugerencias propuestas. Todos nosotros, pues, estamos llamados a emprender el camino. Emprendamos juntos esta peregrinación y hagámoslo junto a los pobres, para renovarnos en nuestra vocación; hacer de nuestra casa común un hogar habitable; vivir en familia la riqueza de nuestra diversidad, tanto cultural como dentro de las diversas vocaciones distintivas que encarna nuestro carisma. Caminemos todos como peregrinos misioneros de la esperanza en comunión.

¿Me permitirán, en esta fase de acogida y animación postcapitular, proponer una vez más como modelo lo que María experimentó en el misterio de la “visitación”? Escuchó del mensajero unas Buenas Nuevas que superaron todas las expectativas. Aun sin comprenderlo todo, se abandonó confiadamente en las manos de Dios. Mientras el Verbo se hacía carne y su cuerpo de mujer se transformaba para acogerlo y nutrirlo en su seno, ella se puso en camino con prisa, venciendo la tentación de la autorreferencialidad. Caminando con confianza, dejó crecer en su corazón la fe y la esperanza, recordando repetidamente que “para Dios nada es imposible”. Y en ese peregrinaje, María fue sacramento y anuncio de la presencia del Salvador en nuestra historia. Poniéndose al servicio de Isabel,

Pidámosle a María que nos enseñe a acoger de todo corazón la gracia del último Capítulo General. Caminemos con ella, de la mano, como propone el Papa Francisco, poniéndonos al servicio del otro y viviendo la alegría de ser profetas de comunión y esperanza. Crezcamos en la fe, la esperanza y el amor como familia carismática que quiere responder hoy a su vocación de misioneros de los pobres cuidando la casa común. Quisiera invitaros a que me acompañéis con vuestra oración en la peregrinación que emprenderé para abrazar y manifestar la comunión con nuestros hermanos de Ucrania. Con ellos quisiera abrazar también a todos los miembros de nuestra familia carismática que peregrinan en situaciones difíciles, en el sufrimiento, golpeados por todo tipo de situaciones de violencia provocadas por las injusticias y las ambiciones humanas.

Con María y con todos los santos de nuestra familia y con quienes nos han precedido en esta peregrinación, caminemos por los caminos del servicio a los más abandonados, siendo sembradores de esperanza y de comunión.

Feliz Fiesta de la Inmaculada Concepción de María.

Su hermano peregrino, en Cristo y María Inmaculada,

Luis Ignacio Rois Alonso, OMI.

Superiora General.

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